martes, 31 de agosto de 2010

LUNA-CECILIA CHÁVEZ


Luna, es una bonita adolescente de diecisiete años, camina como una gacela en la noche sombría, su figura y su rostro bellamente maquillado, resultan cautivadores para cuanto hombre la mira y causa la envidia de las chicas que pellizcan a sus enamorados por atreverse a observarla con lujuria. Luego se sube a un taxi, le indica el lugar: Discoteca Tus Locuras. Allí, la música embriaga a cada parroquiano. Incluso la fémina, desde su ingreso, se contonea al compás de las melodías que se dispersan por el gran salón. Se sienta en la barra, pide un chilcano para comenzar, luego coordina con el chico de la música y se ofrece bailar gratuitamente en la tarima principal, cada contoneo pareciera excitar a cuanto jovenzuelo está en la discoteca. Luna pide más licor, bien helado, siente calor de tanto bailar. Unos patas, la invitan a bajar. Ella. los mira con una ternura ingenua. Ellos, murmuran sobre la orgía que les gustaría organizar… Ante tanta insistencia, desciende sensualmente, esos zapatos taco nueve, resaltan sus prominentes y duros senos que se exhiben como duraznos deliciosos que esperan ser mordidos; su curvas traseras son de impacto. Marcos, Edgar y Manuel, hacen una chanchita, piden el mejor licor, le ofrecen asiento, la tratan como reina. Como premio a sus atenciones, Luna les sonríe cariñosamente. Después baila con todos a la vez, cada paso, erecta los pensamientos de los chicos. De pronto, les anuncia que irá un momento al baño. Éstos aprovechan para hacer una apuesta sobre quién se la lleva más rápido al hotel cercano. Edgar el más machista del grupo, afirma que él será el elegido, por sus características físicas y su labia de gran enamorador. Además describe que la dejará sin respiración de tanto hacerla suya. Los otros lo miran con admiración, quieren ser como él.

Aproximadamente a las dos de la madruga, muy ebria Luna, se deja llevar por Edgar, quien al darse cuenta de su fragilidad, propone a los demás que lo acompañen, ya que está para comer y compartir. Sin hacerse del rogar, todos salen, la llevan a un hotel. Allí, dan rienda suelta a sus bajos instintos, y con vergüenza alguna, se durmieron junto a ella.

Como a las diez de la mañana, despierta Luna, los mira, los despierta y les anuncia:

_¡Buena tira de pendejos son ustedes!

_Lunita, no pienses mal, no ha pasado nada_ acotó Manuel.

_No me creas tonta, y esos esas manchas en las sábanas no son restos de sus espermatozoides?

_Pucha, mamita, perdona, es que estabas tan rica_ comentó Edgar.

_No te asustes, te vamos a premiar, pide lo que quieras.

_Imbéciles, son ustedes los que han caído en mi trampa, desde ahora somos más infectados con el VIH.

Se quedaron atónitos, pensaron que era una broma. Ella cogió, su cartera, caminó hasta la puerta y la azotó al retirarse.

Tiempo después, luego de tanto meditar, ellos acudieron al Centro de Salud, se hicieron la prueba de Elisa, la misma que confirmó que eran portadores de VIH.

Lloraron sin consuelo, Manuel y Marcos miraron con odio a Edgar, el “gran experimentado”.

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